Alperujo como recurso. La biometanización aporta circularidad y sostenibilidad al sector olivarero

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La transformación del sector agroalimentario pasa por una premisa clave: convertir los residuos en oportunidades. En este contexto, el alperujo —el principal subproducto de la producción de aceite de oliva— representa uno de los mayores desafíos, pero también una de las mayores oportunidades para avanzar hacia un modelo más sostenible, eficiente y respetuoso con el entorno.

Cada campaña olivarera genera enormes cantidades de alperujo, una mezcla semilíquida de restos de aceituna y agua con un alto contenido en materia orgánica. Su gestión, tradicionalmente compleja y costosa, ha evolucionado en los últimos años gracias a tecnologías limpias como la digestión anaerobia, que permiten valorizar este residuo mediante la producción de biometano y biofertilizantes.

 

Un nuevo enfoque para un viejo problema

Durante décadas, el alperujo ha sido una carga para las almazaras y cooperativas. Su alto volumen y sus características fisicoquímicas dificultan su manejo y almacenamiento, además de suponer un riesgo medioambiental si no se gestiona adecuadamente. El vertido de alperujo puede contaminar aguas superficiales y subterráneas, generar olores molestos, afectar la biodiversidad y degradar los suelos.

Frente a este escenario, la biometanización surge como una solución eficaz y respetuosa con el medio ambiente. Este proceso, basado en la digestión anaerobia de la materia orgánica en ausencia de oxígeno, permite transformar el alperujo y otros residuos agroganaderos en biometano —una fuente de energía renovable— y en digestato o digerido, un producto aprovechable como fertilizante natural.

 

Beneficios ambientales

La valorización energética del alperujo contribuye de forma directa a la lucha contra el cambio climático. La producción de biometano a partir de residuos orgánicos evita la emisión de gases de efecto invernadero que se producirían si estos residuos se dejaran degradar de forma natural o se quemaran. Además, sustituye el uso de combustibles fósiles al generar un gas renovable que puede utilizarse para producir electricidad, calor o como carburante para vehículos.

Otro beneficio fundamental es la mejora en la calidad del aire y del agua. El tratamiento del alperujo en condiciones controladas reduce significativamente los malos olores, elimina el riesgo de contaminación hídrica y minimiza la emisión de gases contaminantes como el metano (CH₄) o el óxido nitroso (N₂O), ambos con un alto potencial de calentamiento global.

El digerido por su parte, ofrece una alternativa sostenible y más asequible a los fertilizantes minerales. Rico en nutrientes y materia orgánica, contribuye a regenerar suelos empobrecidos, mejora la estructura del suelo y potencia la fertilidad de forma natural, cerrando así el ciclo de la producción sostenible.

 

Beneficios económicos y sociales

La biometanización no solo es una apuesta ecológica, sino también una oportunidad económica. Al valorizar un residuo como el alperujo, se reduce el coste de gestión para las almazaras y se genera una nueva fuente de ingresos a través de la venta del biometano y de los biofertilizantes obtenidos en el proceso.

Este modelo productivo genera un impacto positivo en el entorno rural. Las plantas de biometano crean empleo directo e indirecto en zonas muchas a menudo afectadas por la despoblación, dinamizando el tejido económico local. Productores, cooperativas, empresas de transporte, agricultores y técnicos se ven beneficiados de la creación de nuevas oportunidades ligadas a una economía local más circular y resiliente.

Además, al reducir la dependencia de insumos externos como fertilizantes químicos, se mejora la competitividad del sector agroalimentario. Las explotaciones agrícolas y ganaderas pueden ahorrar costes, cumplir con las exigencias normativas en materia de sostenibilidad y mejorar su posicionamiento de cara a los consumidores, cada vez más sensibles al origen de los productos y a su impacto ambiental.

 

Contribución a una economía circular

La valorización del alperujo mediante biometanización se enmarca plenamente dentro de los principios de la economía circular: reducir, reutilizar y reciclar. Se evita la generación de residuos, se da un nuevo uso a los subproductos del olivar, se aprovechan todos los elementos del proceso (energía, fertilizantes, CO₂ industrial), y se reintegran en el ciclo productivo de forma continua.

Este modelo se alinea plenamente con los objetivos de descarbonización definidos en las estrategias europeas y nacionales, como el Pacto Verde Europeo y la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, que fomentan la valorización energética de los biorresiduos y el avance hacia una economía climáticamente neutra. A su vez, el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR 2025) refuerza este enfoque al consolidar la valorización como prioridad estratégica, tanto en su dimensión energética como agrícola, promoviendo prácticas sostenibles como el compostaje, la digestión anaerobia y la producción de biometano. En conjunto, estos instrumentos configuran un marco coherente para acelerar la transición hacia un modelo productivo circular, eficiente y bajo en carbono.

 

Una visión de futuro

El alperujo ya no debe ser visto como un problema, sino como una materia prima valiosa en la transición energética y ecológica del sector agrario. Gracias a las tecnologías de biometanización, podemos transformar un residuo complejo en energía renovable, fertilizante natural y riqueza para el territorio.

Desde IAM Carbonzero aplicamos las tecnologías más avanzadas e innovadoras que permiten cerrar el ciclo de la circularidad en la producción agroalimentaria con nuestras plantas de Biometano. La valorización del alperujo es uno de los caminos más prometedores para alcanzar un modelo agroindustrial más limpio, rentable y sostenible con un impacto muy positivo y real en la economía, la sociedad y el medio ambiente.